Hay refugios subterráneos, por si llueven bombas.
Hay refugios internos, escondidos recovecos donde resguardarnos si la suerte nos es desgraciada.
Hay refugios en los sueños, para lograr vivir otras vidas sin abandonar todavía ésta, tan breve.
Pero hay un lugar muy elevado donde nos sentimos expuestos a lo desconocido y, sin embargo, al resguardo de las desdichas y el dolor.
Ese sitio privilegiado, ese castillo de las estrellas, puede ser cualquier observatorio en cualquier montaña. Allí el humano se asoma a la inmensa luz que llega de otros tiempos y se asombra de su pequeñez y su osadía.
En ningún lugar de la tierra he vuelto a sentirme así, con la capacidad desorbitada del resplandor entre las sombras. Deslumbrante. El vértigo en un equilibrio casi eterno.
Hasta ese lugar nos lleva una historia que merece ser leída.
Un castillo de las estrellas que sólo puede visitarse en sueños pero adonde podemos viajar sin miedo.
Y soñar, para vivir otras vidas.
jueves, 8 de marzo de 2007
martes, 27 de febrero de 2007
La tumba de dios
Escarban en la tierra y terminan por hallar lo inexistente. Cómo puede estar enterrado un dios, se pregunta aquel que cree.
Excavan, socavan, minan la fe y niegan, con los hechos, que el muerto haya resucitado.
Los resucitados no precisan de tumbas, habitan en el tiempo detenido de la inmortalidad.
O eso nos cuentan.
Tanta credulidad, tantos siglos perdidos.
Una familia muerta -dicen-, hace dos mil años.
Y entre tantas familias muertas, había de ser la de dios precisamente la hallada. Qué certeros los arqueólogos...
Pero qué mala suerte, o cuanta fortuna, según se mire.
Excavan, socavan, minan la fe y niegan, con los hechos, que el muerto haya resucitado.
Los resucitados no precisan de tumbas, habitan en el tiempo detenido de la inmortalidad.
O eso nos cuentan.
Tanta credulidad, tantos siglos perdidos.
Una familia muerta -dicen-, hace dos mil años.
Y entre tantas familias muertas, había de ser la de dios precisamente la hallada. Qué certeros los arqueólogos...
Pero qué mala suerte, o cuanta fortuna, según se mire.
domingo, 18 de febrero de 2007
Vita brevis
Y, por asociación de ideas, y porque lo escucho ahora mismo, el sublime Rodrigo Leao y su "Carpe Diem".
Nullum infortunium venit sollum
O me infelicem! Me perditum!
Tempus fugit! Carpe diem!
Vita brevis! Carpe diem!
Omnia vincit amor!
Omnia vincit fortuna!
Nullum amore venit sollum!
O me infelicem! Me perditum!
Furor aeternum! Carpe diem!
Meae diliciae! Carpe diem!
Omnia vincit amor!
Omnia vincit fortuna!
Omnia vincit amor!
Nullum infortunium venit sollum
O me infelicem! Me perditum!
Tempus fugit! Carpe diem!
Vita brevis! Carpe diem!
Omnia vincit amor!
Omnia vincit fortuna!
Nullum amore venit sollum!
O me infelicem! Me perditum!
Furor aeternum! Carpe diem!
Meae diliciae! Carpe diem!
Omnia vincit amor!
Omnia vincit fortuna!
Omnia vincit amor!
Carpe diem y el no sentido de la vida
Pregúntale por el sentido de la vida al hombre defenestrado. Intenta averiguar qué cosa ha sido para él la existencia antes de arrojarse por la ventana de un noveno piso y volar hacia la nada.
Háblale de la hermosura de los amaneceres, de la lenta cadencia de los días, cuéntale que la primavera está brotando y que pugnan las flores por colonizar cada almendro.
Dile que la enfermedad es un accidente, que las depresiones se pasan, que el infierno no existe o que son los otros.
Ese hombre defenestrado terminó segando a hachazos tanta miseria, tanto dolor ajeno y propio.
La guadaña atroz rebana también las falsas flores de las falsas primaveras.
Háblale a él, al desesperado que huyó volando de este infierno, del carpe diem, de filosofías y poemas.
No podrá contestarte.
Ayer dijo, entre hachazos y vuelos, todo aquello que era capaz de decir.
¿El sentido de la vida? Digamos que carece por completo de sentido. O que acaso se halle cuando vuelas y descubres que la gravedad es ambivalente y poderosa, que te arrastra y te eleva al mismo tiempo.
Que somos el ser y la nada en un ínfimo instante
Háblale de la hermosura de los amaneceres, de la lenta cadencia de los días, cuéntale que la primavera está brotando y que pugnan las flores por colonizar cada almendro.
Dile que la enfermedad es un accidente, que las depresiones se pasan, que el infierno no existe o que son los otros.
Ese hombre defenestrado terminó segando a hachazos tanta miseria, tanto dolor ajeno y propio.
La guadaña atroz rebana también las falsas flores de las falsas primaveras.
Háblale a él, al desesperado que huyó volando de este infierno, del carpe diem, de filosofías y poemas.
No podrá contestarte.
Ayer dijo, entre hachazos y vuelos, todo aquello que era capaz de decir.
¿El sentido de la vida? Digamos que carece por completo de sentido. O que acaso se halle cuando vuelas y descubres que la gravedad es ambivalente y poderosa, que te arrastra y te eleva al mismo tiempo.
Que somos el ser y la nada en un ínfimo instante
sábado, 10 de febrero de 2007
Ácido sulfúrico
Corrosivo. Venenoso. Asfixiante.
El sulfúrico y su poder destructor.
"Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo".
Así comienza la novela de Amélie Nothomb. Una historia aterradora, conmovedora, cínica, ecléctica, sabia y poderosa.
La historia de quienes miramos el horror y nos sentimos tan atraídos por él que no somos capaces de apartar la mirada.
La fábula que nos muestra como somos: egoístas, ajenos, desalmados, salvajes.
El espejo que nos devuelve a la fiera que llevamos dentro y que ni siquiera disimulamos ante los ojos de los demás.
"Ácido sulfúrico" debería leerse en los colegios y tendría que ser obligatoria para los programadores de todas las televisiones. Aunque, quién sabe, quizá sea contraproducente: puede ocurrir que les guste la atroz idea.
El sulfúrico y su poder destructor.
"Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo".
Así comienza la novela de Amélie Nothomb. Una historia aterradora, conmovedora, cínica, ecléctica, sabia y poderosa.
La historia de quienes miramos el horror y nos sentimos tan atraídos por él que no somos capaces de apartar la mirada.
La fábula que nos muestra como somos: egoístas, ajenos, desalmados, salvajes.
El espejo que nos devuelve a la fiera que llevamos dentro y que ni siquiera disimulamos ante los ojos de los demás.
"Ácido sulfúrico" debería leerse en los colegios y tendría que ser obligatoria para los programadores de todas las televisiones. Aunque, quién sabe, quizá sea contraproducente: puede ocurrir que les guste la atroz idea.
martes, 23 de enero de 2007
Un regalo
Nevaba. Copos demorándose, cayendo ralentizados. Y en el coche -la placenta cálida y engañosa-, Ramón Trecet me hizo un regalo.
La música parecía sonar al ritmo de la nevada, lenta, demorada, hermosa y tan irreal como la felicidad o la paz.
La canción se titula "Mad World" y la canta, o la recita, o me la susurra al oído, Gary Jules.
No puedo parar de escucharla. Suena ahora y soy incapaz de transmitir en palabras cuánta emoción, cuánta tristeza me despierta.
Desvalidos y sin esperanza. A veces basta una hermosa canción para entender o entendernos.
La belleza y la maldad del mundo condensadas en tres minutos tan estremecedores que las lágrimas caen, como copos demorándose.
La densa nevada que oculta lo atroz.
La música parecía sonar al ritmo de la nevada, lenta, demorada, hermosa y tan irreal como la felicidad o la paz.
La canción se titula "Mad World" y la canta, o la recita, o me la susurra al oído, Gary Jules.
No puedo parar de escucharla. Suena ahora y soy incapaz de transmitir en palabras cuánta emoción, cuánta tristeza me despierta.
Desvalidos y sin esperanza. A veces basta una hermosa canción para entender o entendernos.
La belleza y la maldad del mundo condensadas en tres minutos tan estremecedores que las lágrimas caen, como copos demorándose.
La densa nevada que oculta lo atroz.
domingo, 21 de enero de 2007
De mañana
Ves pasar la vida por la ventana. Así deben verla los viejos y los enfermos. La realidad transcurre afuera, en las afueras de tu soledad, alejada de tu silencio y tus pensamientos.
Permaneces inerte, apostado junto a la ventana. Apenas vuelan las palomas. Hace frío.
Ves pasar la vida y, en un último impulso, para que no se te escape sin catarla, decides escribir que ves pasar la vida por la ventana.
Pero los cristales y las cortinas no aíslan lo suficiente. Los gritos de la vida se escuchan y te desgarran, exactamente igual que si estuvieses expuesto a la intemperie, como las palomas que no vuelan muy lejos porque hace frío y, acaso, tengan miedo.
Igual que tú, tras el cristal helado.
Permaneces inerte, apostado junto a la ventana. Apenas vuelan las palomas. Hace frío.
Ves pasar la vida y, en un último impulso, para que no se te escape sin catarla, decides escribir que ves pasar la vida por la ventana.
Pero los cristales y las cortinas no aíslan lo suficiente. Los gritos de la vida se escuchan y te desgarran, exactamente igual que si estuvieses expuesto a la intemperie, como las palomas que no vuelan muy lejos porque hace frío y, acaso, tengan miedo.
Igual que tú, tras el cristal helado.
sábado, 30 de diciembre de 2006
La muerte
Veo la muerte de un hombre. La soga al cuello. Los verdugos encapuchados que acaso le preguntan por cómo quiere que sean sus últimos instantes en este mundo. La gruesa soga rodeando un pañuelo, quizá para que la ejecución no deje huellas en el cuello herido, en el cuello seccionado. El cadáver a punto de llegar.
Veo la muerte, todas las muertes, y una columna de humo que anuncia más moribundos, otros dolores aún por venir.
Y vi Babel, la película, y comprendí que el aleteo de una mariposa en la otra parte del mundo nos afecta. Vulnerables todos. Heridos de muerte, humanos y mortales. Efímeros, como mariposas que nacen y fenecen antes de que anochezca la jornada.
Leo un libro titulado "Carpe Diem". Poca cosa somos, compañeros.
Momentos trascendidos.
Sombras.
Recuerdos.
Ilusiones yertas.
Caminos rotos en un instante doloroso.
Veo la muerte, todas las muertes, y una columna de humo que anuncia más moribundos, otros dolores aún por venir.
Y vi Babel, la película, y comprendí que el aleteo de una mariposa en la otra parte del mundo nos afecta. Vulnerables todos. Heridos de muerte, humanos y mortales. Efímeros, como mariposas que nacen y fenecen antes de que anochezca la jornada.
Leo un libro titulado "Carpe Diem". Poca cosa somos, compañeros.
Momentos trascendidos.
Sombras.
Recuerdos.
Ilusiones yertas.
Caminos rotos en un instante doloroso.
domingo, 24 de diciembre de 2006
Pasando por la vida
La maldita manía de hacer balances cuando se va terminando el año...
Veamos:
1.- Los muertos queridos han sido cuatro. Muertes anunciadas o sorpresivas. Ausencias para siempre. Un familiar. Un compañero de trabajo. Dos amigos...
2.- Salud y enfermedad. Gana la segunda por mucho. El hospital se vuelve absurda casa y las batas blancas se enseñorean de las pesadillas.
3.- Esperanzas. Marchitas, muertas, rotas. Fracturas de los sueños que no pueden recomponerse con escayola. Ecos afónicos. Desastres varios. Ruinas del tiempo. Pasado sin retorno.
No sigo con la cuenta. Pierdo el hilo y avanzan las penas; legión ilustre de desengaños. Siempre el mismo error, confiar en quien no merece la confianza, no medir las propias fuerzas, dejarse embelesar por el espejismo en el desierto atroz de la soledad.
No hay "debe" ni "haber".
Se acaba el año pero es mentira que todo concluya con él. No hay folios en blanco a ciertas alturas de la vida. Si acaso, borrones en el papel.
Heridas en el alma.
Veamos:
1.- Los muertos queridos han sido cuatro. Muertes anunciadas o sorpresivas. Ausencias para siempre. Un familiar. Un compañero de trabajo. Dos amigos...
2.- Salud y enfermedad. Gana la segunda por mucho. El hospital se vuelve absurda casa y las batas blancas se enseñorean de las pesadillas.
3.- Esperanzas. Marchitas, muertas, rotas. Fracturas de los sueños que no pueden recomponerse con escayola. Ecos afónicos. Desastres varios. Ruinas del tiempo. Pasado sin retorno.
No sigo con la cuenta. Pierdo el hilo y avanzan las penas; legión ilustre de desengaños. Siempre el mismo error, confiar en quien no merece la confianza, no medir las propias fuerzas, dejarse embelesar por el espejismo en el desierto atroz de la soledad.
No hay "debe" ni "haber".
Se acaba el año pero es mentira que todo concluya con él. No hay folios en blanco a ciertas alturas de la vida. Si acaso, borrones en el papel.
Heridas en el alma.
sábado, 21 de octubre de 2006
Gracias, Paul Auster
La lucidez, la inteligencia y la sensibilidad son bienes escasos en estos días, acaso en todos los días del pasado y del futuro.
Quienes poseen esos bienes escasos y son capaces de compartirlos alcanzan la extraña comunión que nos emociona y nos conturba.
Leo a Auster y logra hacerme sonreír y soñar.
Dijo ayer: "La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad".
Y no puedo estar más de acuerdo.
Mientras se derrumba el mundo a nuestro alrededor, cuando se desmoronan los sueños y las ilusiones, cuando el fracaso es certeza, algo tan aparentemente inútil como una historia bien contada nos devuelve una clase de alegría inusitada, nos regala una emoción, un atisbo de luz entre tinieblas.
Gracias, Auster, por no ser un extraño.
Quienes poseen esos bienes escasos y son capaces de compartirlos alcanzan la extraña comunión que nos emociona y nos conturba.
Leo a Auster y logra hacerme sonreír y soñar.
Dijo ayer: "La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad".
Y no puedo estar más de acuerdo.
Mientras se derrumba el mundo a nuestro alrededor, cuando se desmoronan los sueños y las ilusiones, cuando el fracaso es certeza, algo tan aparentemente inútil como una historia bien contada nos devuelve una clase de alegría inusitada, nos regala una emoción, un atisbo de luz entre tinieblas.
Gracias, Auster, por no ser un extraño.
domingo, 24 de septiembre de 2006
Cruel otoño
Pensaba ayer en los muertos queridos. En quienes no verán este otoño metido en lluvias y ventiscas. Pensaba ayer en que no escucharé su voz ni sus risas.
Hoy vuelvo de revisitar a la muerte porque el otoño, cruel, desalmado, atroz, se acaba de llevar a otro amigo.
Aventaremos sus cenizas mañana y volveremos al trabajo. Su mesa estará vacía y nuestro corazón roto en mil pedazos. Los retazos de sus sonrisas, su alegría y su bonhomía perdurarán.
Se van, nos vamos.
Hojas muertas que aventa el otoño.
Qué poca cosa somos, compañero.
Apenas recuerdos en la memoria de quienes nos amaron.
Hoy vuelvo de revisitar a la muerte porque el otoño, cruel, desalmado, atroz, se acaba de llevar a otro amigo.
Aventaremos sus cenizas mañana y volveremos al trabajo. Su mesa estará vacía y nuestro corazón roto en mil pedazos. Los retazos de sus sonrisas, su alegría y su bonhomía perdurarán.
Se van, nos vamos.
Hojas muertas que aventa el otoño.
Qué poca cosa somos, compañero.
Apenas recuerdos en la memoria de quienes nos amaron.
viernes, 15 de septiembre de 2006
Días inciertos
Vivir es un arte.
En el amanecer de otro otoño me pregunto cuándo concluirán los días inciertos, cuando habrá una tregua al dolor y la angustia.
A la luz del alba todo es gris, el color no-color de las pesadillas.
Y el silencio rodea cada objeto. Ni siquiera la música es capaz de acallar el estruendoso silencio.
Vivir es un arte jamás consumado.
El cuadro donde siempre faltará la postrera pincelada.
La última línea del libro que nunca terminamos de escribir.
Vivir es un arte en estos días inciertos (con permiso de Celtas Cortos).
En el amanecer de otro otoño me pregunto cuándo concluirán los días inciertos, cuando habrá una tregua al dolor y la angustia.
A la luz del alba todo es gris, el color no-color de las pesadillas.
Y el silencio rodea cada objeto. Ni siquiera la música es capaz de acallar el estruendoso silencio.
Vivir es un arte jamás consumado.
El cuadro donde siempre faltará la postrera pincelada.
La última línea del libro que nunca terminamos de escribir.
Vivir es un arte en estos días inciertos (con permiso de Celtas Cortos).
miércoles, 6 de septiembre de 2006
Fuegos artificiales
Brillan en la lejanía. La noche detenida. Fuego en el cielo negro. Fuego en el aire calmo y cálido.
Cargados de pólvora pacífica rompen la gravedad.
Suman fuego al calor.
Ardiente septiembre. Extraño septiembre de tormentas que no llegan y abrasadores cilicios.
La noche quema.
Hay fiesta en las afueras. Brillos nocturnos y fugaces.
Artificios en el cielo oscuro.
No son estrellas. Son mentiras en el aire.
Cargados de pólvora pacífica rompen la gravedad.
Suman fuego al calor.
Ardiente septiembre. Extraño septiembre de tormentas que no llegan y abrasadores cilicios.
La noche quema.
Hay fiesta en las afueras. Brillos nocturnos y fugaces.
Artificios en el cielo oscuro.
No son estrellas. Son mentiras en el aire.
domingo, 3 de septiembre de 2006
Carteros sin cartas
Leo a ratos una novela, ópera prima de Pablo Caballero (Caballo de Troya, 2006), con un largo título: "Cartas clandestinas de un cartero casi enamorado". Es un libro alejado de lo que se estila, o sea, con estilo.
Y leo ahora una noticia que parece escapada de una novela, o un cuentito. Un cartero de Messina, en Sicilia, guardaba en su casa dos toneladas y media de cartas sin repartir. Llevaba nueve meses sin entregar el correo a los vecinos pero, eso sí, lo atesoraba todo ordenado, en cajas.
La noticia no aclara si abría esas cartas destinadas a otros, si era un romántico o sólo un vago redomado.
En cualquier caso, me ha parecido curiosa la coincidencia, aunque el titular de la noticia sea tan poco original como "el cartero nunca llama dos veces".
Y leo ahora una noticia que parece escapada de una novela, o un cuentito. Un cartero de Messina, en Sicilia, guardaba en su casa dos toneladas y media de cartas sin repartir. Llevaba nueve meses sin entregar el correo a los vecinos pero, eso sí, lo atesoraba todo ordenado, en cajas.
La noticia no aclara si abría esas cartas destinadas a otros, si era un romántico o sólo un vago redomado.
En cualquier caso, me ha parecido curiosa la coincidencia, aunque el titular de la noticia sea tan poco original como "el cartero nunca llama dos veces".
viernes, 1 de septiembre de 2006
Septiembre
Nos empeñamos en septiembre como muñidor de otoños.
Fin del verano.
Operación retorno.
Hojas muertas.
Pero persevera agosto, cargado de calores, resistente a la lluvia, terco en su agonía.
Hay fiestas en muchos lugares, símbolos de recolecciones ya arrumbadas. No se vendimia con los brazos humanos sino con ingenios mecánicos. Y en los viejos festejos se celebraban cosechas, se adoraba a dioses paganos, Baco y compañía.
Ahora nos embriagamos durante todo el año, sedientos de por vida, bebedores de sueños y de aire fresco.
Infiernos de agosto que nos dan más sed, por mucho que nuestra sombra se alargue al atardecer.
"Ya se le nota al día", dice la gente, como si fuese un mérito humano el logro del otoño que no acaba de llegar.
Y nos devanamos en deseos de lluvia y frescor, otoñadas fértiles y sueños renacidos.
Brindemos por el fin del verano. Por suerte, en esta época, se llenan las copas con vinos nuevos, renacidos sabores olvidados.
Acaso, con su ayuda, podamos olvidar los malos tragos del persistente e infernal agosto.
Fin del verano.
Operación retorno.
Hojas muertas.
Pero persevera agosto, cargado de calores, resistente a la lluvia, terco en su agonía.
Hay fiestas en muchos lugares, símbolos de recolecciones ya arrumbadas. No se vendimia con los brazos humanos sino con ingenios mecánicos. Y en los viejos festejos se celebraban cosechas, se adoraba a dioses paganos, Baco y compañía.
Ahora nos embriagamos durante todo el año, sedientos de por vida, bebedores de sueños y de aire fresco.
Infiernos de agosto que nos dan más sed, por mucho que nuestra sombra se alargue al atardecer.
"Ya se le nota al día", dice la gente, como si fuese un mérito humano el logro del otoño que no acaba de llegar.
Y nos devanamos en deseos de lluvia y frescor, otoñadas fértiles y sueños renacidos.
Brindemos por el fin del verano. Por suerte, en esta época, se llenan las copas con vinos nuevos, renacidos sabores olvidados.
Acaso, con su ayuda, podamos olvidar los malos tragos del persistente e infernal agosto.
martes, 29 de agosto de 2006
Secuestros
"Formaba parte de mi vida". Y suena bien, aunque lo diga una mujer que fue abducida durante ocho años por su secuestrador.
Otra mujer fue muerta por su marido, treinta años después de que comenzaran una convivencia atroz. Ese asesino también formaba parte de su vida.
Y lo lees y piensas que la vida es un gigantesco rompecabezas que siempre tiene huecos, pequeñas o grandes piezas que se escurren bajo la alfombra y nunca consigues hallar para completar el dibujo.
Quienes vamos conociendo o desconociendo forman parte de lo que somos y lo que sentimos. Estamos rodeados de otras vidas que son, a su vez, otro puzzle incompleto.
A veces tenemos la ilusión de haber hallado la pieza definitiva, la que nos recompone por entero y completa todo aquello que creíamos ser.
Pero la vida sigue siendo un extraño paseo.
Acaso sólo en el último instante podamos percibir dónde estaba la clave de todo aquel absurdo y doloroso rompecabezas.
Mientras tanto, caminamos incompletos, dando tumbos, buscando piezas bajo las alfombras o entre la almohada. Pero ahí sólo suelen hallarse retazos de sueños que un día nos parecieron hermosos.
Otra mujer fue muerta por su marido, treinta años después de que comenzaran una convivencia atroz. Ese asesino también formaba parte de su vida.
Y lo lees y piensas que la vida es un gigantesco rompecabezas que siempre tiene huecos, pequeñas o grandes piezas que se escurren bajo la alfombra y nunca consigues hallar para completar el dibujo.
Quienes vamos conociendo o desconociendo forman parte de lo que somos y lo que sentimos. Estamos rodeados de otras vidas que son, a su vez, otro puzzle incompleto.
A veces tenemos la ilusión de haber hallado la pieza definitiva, la que nos recompone por entero y completa todo aquello que creíamos ser.
Pero la vida sigue siendo un extraño paseo.
Acaso sólo en el último instante podamos percibir dónde estaba la clave de todo aquel absurdo y doloroso rompecabezas.
Mientras tanto, caminamos incompletos, dando tumbos, buscando piezas bajo las alfombras o entre la almohada. Pero ahí sólo suelen hallarse retazos de sueños que un día nos parecieron hermosos.
jueves, 10 de agosto de 2006
Agosto y muerte
Afilo mis caderas
cuchillos acerados cercenan las curvas.
El tiempo se enroca en las aristas
y descubro
más mentiras que certezas.
La pasión como mordaza
y nubes blancas cegando los ojos.
Disculpen,
me hago vieja.
Afilo mis caderas
cuchillos acerados que me hieren
también a mí
y a ti
y a los ausentes.
Disculpen,
he empezado a morirme.
Respiro
un aire envenenado
y paseo
mis afiladas caderas,
banderas de otro tiempo,
muertos deseos
y toneladas de silencio
brillante y letal.
cuchillos acerados cercenan las curvas.
El tiempo se enroca en las aristas
y descubro
más mentiras que certezas.
La pasión como mordaza
y nubes blancas cegando los ojos.
Disculpen,
me hago vieja.
Afilo mis caderas
cuchillos acerados que me hieren
también a mí
y a ti
y a los ausentes.
Disculpen,
he empezado a morirme.
Respiro
un aire envenenado
y paseo
mis afiladas caderas,
banderas de otro tiempo,
muertos deseos
y toneladas de silencio
brillante y letal.
viernes, 16 de junio de 2006
Tormentas
Se ha revuelto junio, embarcados los últimos días de primavera en rayos y centellas. Cabalgan a lomos de nubes negras y nos dan respiros pasajeros, sale el sol y se disuelven los nubarrones. Pero es sólo para coger fuerza y descargar de nuevo torrenteras de rayos y truenos, salvas celestes, aguas miles.
Así que esto del tiempo revuelto y fugaz se me antoja como la vida, un ir y venir de desastres a los que no podemos hacer frente, igual que las tormentas, los rayos que no cesan, y no son de amor -como escribió el poeta- sino de fuego y destrucción.
Así que esto del tiempo revuelto y fugaz se me antoja como la vida, un ir y venir de desastres a los que no podemos hacer frente, igual que las tormentas, los rayos que no cesan, y no son de amor -como escribió el poeta- sino de fuego y destrucción.
viernes, 2 de junio de 2006
Cuarenta de mayo
Hará tres años el cuarenta de mayo.
El calor licuaba las fachadas del hospital. Volaban las palomas buscando sombras y yo velaba a quien ya se había ido.
Le hablaba sabiendo que no podía oírme, intentaba aliviarle la fiebre buscando calmar la mía y no rezaba porque no rezo jamás.
Y el cuatro de junio hace un mes de otra ausencia. Esta vez prevista, diseñada, dibujada con la perfección de un cuadro, de una escultura que roba espacio al aire y rediseña los vacíos y los llena.
El dolor de las ausencias es extraño, no se calma, se agita en cada amanecer y nos subleva.
Las ausencias son huecos que nos va dejando la vida. Desapariciones y silencios. Vacíos y tristeza.
Y, sin embargo, percibo el dolor como algo bueno, creativo y vivo.
Hay que aprender a desaparecer, también. Como aprendemos a vivir en cada amanecer.
Y se nos va llenando la vida de ausencias y presencias.
Es extraño, pero es así.
El calor licuaba las fachadas del hospital. Volaban las palomas buscando sombras y yo velaba a quien ya se había ido.
Le hablaba sabiendo que no podía oírme, intentaba aliviarle la fiebre buscando calmar la mía y no rezaba porque no rezo jamás.
Y el cuatro de junio hace un mes de otra ausencia. Esta vez prevista, diseñada, dibujada con la perfección de un cuadro, de una escultura que roba espacio al aire y rediseña los vacíos y los llena.
El dolor de las ausencias es extraño, no se calma, se agita en cada amanecer y nos subleva.
Las ausencias son huecos que nos va dejando la vida. Desapariciones y silencios. Vacíos y tristeza.
Y, sin embargo, percibo el dolor como algo bueno, creativo y vivo.
Hay que aprender a desaparecer, también. Como aprendemos a vivir en cada amanecer.
Y se nos va llenando la vida de ausencias y presencias.
Es extraño, pero es así.
jueves, 1 de junio de 2006
Todas las muertes
Comienza junio y nos saluda la muerte desde todas las portadas.
Se fue mayo y hubo en él otros muertos muy queridos.
No es la ausencia lo que más duele cuando alguien se va, es el silencio, la no voz. Es la callada por respuesta.
Deberíamos estar acostumbrados, la muerte es tan cotidiana como los amaneceres. Es soledad y silencio. Algunos dicen que paz.
Amanece junio con un viento frío tras las cortinas. Hoy todos hablarán sobre una muerte famosa. Pero a los muertos que amamos, a ésos, sólo nosotros los echaremos en falta.
Deberíamos estar acostumbrados. Cada día nos trae un amanecer y una ausencia.
Y tanto silencio.
Se fue mayo y hubo en él otros muertos muy queridos.
No es la ausencia lo que más duele cuando alguien se va, es el silencio, la no voz. Es la callada por respuesta.
Deberíamos estar acostumbrados, la muerte es tan cotidiana como los amaneceres. Es soledad y silencio. Algunos dicen que paz.
Amanece junio con un viento frío tras las cortinas. Hoy todos hablarán sobre una muerte famosa. Pero a los muertos que amamos, a ésos, sólo nosotros los echaremos en falta.
Deberíamos estar acostumbrados. Cada día nos trae un amanecer y una ausencia.
Y tanto silencio.
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