He de agradecer a @Gorg_blau el detalle de hacer este montaje de la historia de los cernícalos. Porque en Twitter hay muy buena gente que ha disfrutado con una nidada de aves en mi ventana. Una cocina abierta a todos, gracias a esto que llamamos tecnología y sirve para unir, afortunadamente.
miércoles, 17 de junio de 2015
UN REGALO
He de agradecer a @Gorg_blau el detalle de hacer este montaje de la historia de los cernícalos. Porque en Twitter hay muy buena gente que ha disfrutado con una nidada de aves en mi ventana. Una cocina abierta a todos, gracias a esto que llamamos tecnología y sirve para unir, afortunadamente.
lunes, 1 de junio de 2015
UNA AGONÍA GENEROSA
Mi abuela Cilveti,
Corpus, la mujer de Serafín Echauri, no supo jamás ser egoísta. Ni creo
siquiera que lo intentara.
En ella eran de
verdad frases como “ojalá yo enferma y no tú”, “me quitaría el pan de la boca
para dártelo” y otras del mismo estilo.
Mi abuela Cilveti,
que había vivido tiempos duros, sabía que en esos momentos es cuando
precisamente más se necesita de la solidaridad.
Mi abuela Corpus
murió en su cama. Viuda desde hacía años, le acompañaba mi madre en ese trance.
Las grandes frases
que pronuncian antes de morir los grandes personajes de novelas y películas
suelen pasar a la posteridad. Y he pensado que merece la pena contar cuál fue
la última frase de la abuela Corpus a su hija pequeña:
“Ponte la chaquetica, no te enfríes, mi chica”.
Dicho lo cual,
expiró.
Ya os dije que jamás
supo ser egoísta, ni siquiera emprendiendo su último viaje. Sabía que nada se
deja atrás, quizá esto sólo, el recuerdo agradecido de una nieta a quien
también enseñó a ejercer la generosidad. Y bien que se lo agradezco porque es una herencia incalculable.
martes, 19 de mayo de 2015
miércoles, 29 de abril de 2015
ENSAYO GENERAL CON CERNÍCALOS
No tengo ni idea de si esto funciona. Son las primeras imágenes del anidamiento de cernícalos en mi ventana. La cámara ha hecho una foto cada minuto. Si se van pasando las fotografías se ve el movimiento de la hembra mientras empolla los huevos. Seguro que a alguien se le ocurre una forma infinitamente mejor de verlo o convertirlo en vídeo.
De momento, la jardinera y su nido sobre la tierra.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
ARMAS CARGADAS DE FUTURO
"Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse".
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse".
Y si lo escribió Gabriel Celaya y lo hizo tan atinadamente, para qué añadir más en este día postrero de un año negro.
Porque si estamos tocando el fondo, hora será de ir levando anclas o soltar amarras o lo que quiera que hagan los marineros valientes antes las tempestades.
Todo menos quedarse al pairo.
Todo menos ver cómo zozobramos.
O nos hunden.
O lo intentan.
Maldigo a quien no toma partido, a quien no se remanga y lucha hasta desenterrar del fango aquello que quieren que olvidemos los interesados en la amnesia.
Maldigo a quien olvida que otros, antes que nosotros, también se vieron tocando fondo y alzaron la voz y las cabezas y se pusieron a trabajar.
Benditos quienes no se resignan, no se acobardan, no se esconden.
Acaso el futuro no exista o sea negro pero, de haberlo, será de esos valientes que toman partido hasta mancharse.
La poesía no es un adorno.
Sigue siendo (gracias, Celaya), el arma cargada de futuro; la tabla a la que asirse en mitad de una tormenta adonde nos llevaron quienes no tienen botes salvavidas, ni saben qué cosa sea la dignidad.
martes, 18 de noviembre de 2014
A PEDRADAS
Probablemente nunca abandonamos Atapuerca.
Es muy posible que esta dinastía de humanos a la que decimos pertenecer, con orgullo de "sapiens", vuelva una y otra vez a la caverna donde se refugió porque hacía frío y no había abrigo ni fuego ni la inteligencia suficiente para inventarlos.
El deporte rey no es el fútbol.
El deporte rey es el lanzamiento de piedras al vecino, para ver si lo descalabramos y ocupamos su lugar o le quitamos algo aunque no nos haga falta.
Qué bien se nos da destruir, criticar, amedrentar, lapidar, crucificar, prender piras, cortar cabezas, pisotear.
Qué pericia en la crueldad la de nuestra generación.
Pues eso. Nunca debimos abandonar Atapuerca. Ahora somos más dañinos aunque tengamos calefacción.
martes, 30 de septiembre de 2014
TVE Y CENIZAS
El día que aventé las
cenizas de mi padre, el día que enterramos algunas bajo una estatua que le
encantaba, ese día, tenía pendiente un rodaje para una serie en mi empresa,
TVE.
(Mi empresa, sí,
porque llevo en ella más de tres décadas haciendo lo mejor que he sabido mi
tarea).
Aventé cenizas amadas y me
fui a rodar. A seguir trabajando en una serie divulgativa, cultural y de
servicio público al ciento por ciento.
No diré que he dejado
de vivir por culpa de mi trabajo. Diré que mi trabajo me ha aportado mucha vida,
muchas alegrías, muchas personas a quienes conocer, mucha experiencia. Más gozos
que penas.
Yo soy de esas gentes
raras que se sigue emocionando cuando ve en la carretera una unidad móvil en la
que pone “TVE”.
Yo soy una de las “afortunadas”
que logró una plaza en unas duras oposiciones en un momento especialmente
jodido de mi vida.
Yo debo de ser, según
una opinión pública mal informada, una paniaguada, manipuladora, vendida, vaga
funcionaria, ganadora de millones y no sé cuántas cosas más.
Y yo, según yo misma,
ya perdonarán que personalice pero esto es muy personal, soy sólo una
periodista afortunada por tener trabajo, por haberme ganado el pan durante años
en la misma empresa, ésa que considero muy mía, muy nuestra, propiedad de todos
y cada uno de los ciudadanos.
Porque yo, a pesar de
los pesares, sigo creyendo en el derecho y el deber de formar, informar y
entretener. En hacerlo con la mayor calidad posible, con honestidad y sin
dilapidar un dinero que no es nuestro.
Ahora que todo está
en juego escribo esto para que no se olvide.
Porque aunque las
cenizas de mi padre continúen por ahí en la atmósfera, me sigue faltando el
aire cuando pienso en él.
Y me ahogo cuando veo
cómo quieren ahogar a mi empresa y a tantos profesionales que no tenemos más
mérito ni hemos cometido graves pecados, salvo intentar, cada día, ser honestos con nuestro oficio y nuestros
conciudadanos.
lunes, 25 de agosto de 2014
EL PATIO DE MI CASA Y TWITTER
Si en ese patio de recreo que es Twitter el abusón tiene más seguidores que habitantes una ciudad mediana, es fácil que proceda a ejercer de matón.
Por eso me resulta difícil de entender que alguien con cientos de miles de personas que le leen no utilice ese poderío para mejorar las cosas, algunas cosas al menos.
Comprendo el endiosamiento. Puedo alcanzar a colegir que si tienes tras de ti a una masa ingente a la que movilizar te creas el rey o la reina del mambo.
Que si dices "buenos días" y empiezan ya a hacerte la pelota ¿Cómo no creerte que eres el amo, el ama, sandiós, como dicen en Navarra.
Me apenan los verdugos. Matan por un salario. Al menos tienen una razón.
Quienes me repugnan son ésas que hacen calceta al pie de la guillotina y aplauden cuando rueda una cabeza más y salen de la plaza salpicadas de sangre aunque sin haber matado a nadie.
Los gurús en Twitter critican al "Poder", pero ejercen de verdugos desde el anonimato, amparados por corifeos, pelotas y lamedores de traseros.
Los "muchosfollowers" adquieren poderes misteriosos que incluyen saber de todo, tener siempre la razón y no tolerar una sóla crítica, una salida de carril o la más mínima discrepancia.
Supongo que llegado ese momento, la razón por la que abrieron su cuenta, denunciar injusticias, mejorar el entorno, defender causas justas, pasa a segundo plano.
O a tercero.
O desaparece.
Porque llega el momento de mantener como sea el "poder", el número de seguidores, la "influencia", el "a mí la Legión".
Y esas cuentas se convierten en pantomima, en juicios sumarísimos, en el reflejo exacto de aquello que pretendían abolir.
La penúltima diatriba ha afectado a alguien que es amigo de mi amiga, por eso me prometí y prometí escribir esto.
Y tengo un punto de partida: Cualquier palabra, por noble que sea, con terminación en "nazi", me da arcadas. Sea "femi" o "neo".
Hablar de feminismo o hembrismo, de machismo, de igualdad, de respeto admite tantas interpretaciones como opinantes.
Hacer equivaler una mirada a una violación es de idiotas.
Flaco favor hacemos a quienes sufren maltrato real, violaciones sádicas y situaciones que llevan al suicidio reduciendo al absurdo un atuendo, una actitud o un café.
Escribo esto con la perspectiva de los años. Con la que me otorga haber hecho prácticas, años ha, en un periódico que no tenía váter para mujeres, porque nadie pensó nunca que allí fuera a entrar a trabajar una mujer, salvo que fuera la de la limpieza.
A mí también me han dicho que "quito" el trabajo a un hombre.
Que por ser mujer tengo ventaja.
Que nos gustan los "tipos duros"...
Todos los tópicos que las mujeres conocemos tan bien, tan tristemente bien.
No sé si el machismo crece. Sé que la actitud de esas personas llamadas "feminazis" provoca un indeseable efecto rebote.
Y que cualquiera, sea alcalde o matón de patio en Twitter, se crea con derecho a despreciar a las mujeres. A todas las mujeres y sólo por ser mujeres.
Pensé, ilusa, que estas diatribas estaban finiquitadas. Que había llegado el momento de que mujeres y hombres, codo a codo, peleáramos contra los enemigos comunes, no entre nosotros. Que el poder de multiplicar mensajes que tiene Twitter iba a ser usado para cambiar a mejor algunas cosas.
Me equivoqué. El patíbulo está en medio de la plaza y las cabezas que salen rodando son las nuestras.
Y el verdugo sonríe con el dinero a buen recaudo y afila el hacha porque siempre habrá otra víctima a quien decapitar.
Y una masa, aparentemente inocente, aplaude enfervorizada, manchada de sangre que, mañana, puede ser la suya.
jueves, 14 de agosto de 2014
EN TWITTER
En Twitter me han
dicho cosas que jamás he tenido que escuchar en la vida:
Me han llamado
racista.
Mentirosa.
Falsa.
“Querida”, alguien que no me quiere.
Mi profesión como
insulto.
Mi profesión para
hacerme la pelota.
En Twitter he
encontrado muchas más personas buenas que malas, pero las malas, como en la
vida, hacen más ruido y duelen más.
En Twitter he
descubierto historias que merecían ser contadas y han sido contadas gracias al
medio en el que trabajo.
En Twitter me han
recomendado libros, música y… que dejara Twitter.
En Twitter he
conocido a personas que luego he conocido verdaderamente fuera de Twitter. Pero
ésta es otra historia que guardaré sin contar porque soy discreta.
En Twitter me han
dicho lo más bonito que se le puede decir a alguien, que soy cabal y buena
gente.
Total que iba a hacer
balance y me ha salido esto, probablemente sin pies ni cabeza.
Porque Twitter es muy
raro y absorbente y engancha y lo aborreces y sonríes y casi lloras, te
asustas, te desconciertas, te asombras.
Creo que sigo por el
asombro.
Es una razón como
otra cualquiera.
Y por la buena gente,
la razón más poderosa que uno puede encontrar en la vida.
lunes, 7 de julio de 2014
jueves, 26 de junio de 2014
DE UN MENSAJE CON 26 AÑOS DE RETRASO.
Lamento haber sacado
el viejo papel de entre las páginas. Acaso marcaba un punto especial en la
lectura.
O puede que no, puede
que el azar lo colocara ahí. Una mano que el once de agosto de 1988 marcó
casillas con equis en una Primitiva. Jugaba al azar. Y al azar me llegó el
libro “Madre noche”, de Kurt Vonnegut. Desde una librería de viejo en otra
ciudad.
Desde el ayer.
Y había más, un
número de teléfono sin prefijo. He buscado en Google con varios posibles y sólo
aparecen empresas de albañilería. Eso ha sido un golpe bajo en el misterio del
billete olvidado entre las páginas.
Pero había más en el
reverso. Los premios entonces eran de 25.000 pesetas. Curioso.
Y otra anotación a
mano. Una hora: 9:30. Una fecha: Martes 27. O sea, alguien anotó que 16 días
más tarde había de acudir a algún lugar. Pongamos que al dentista. Qué
desilusión de nuevo.
Pongamos que a una
cita secreta y amorosa. Secreta porque el lugar no se anotó. Amorosa porque
alguna licencia he de tomarme y me apetece imaginarlo así.
El billete ha
amarilleado con los años. Casi 26.
Esperad, he
descubierto otra cosa. Otra anotación a mano, esta vez en mayúsculas: LEÓN. Con
su acento. En una esquina del billete. Diría que es letra de mujer, pero no
estoy segura. Diría que ojalá no olvidase, igual que le pasó con el resguardo,
que tenía una cita en el Barrio Húmedo, a hora temprana y que llegó a tiempo y
que todo le fue bien.
Por añadir, que quizá
hoy esa desconocida lea esta historia y rememore el encuentro, la novela, la
apuesta a todo o nada. El resguardo perdido.
Y que pasan los años
y aparece el olvido. Salvo que el mensaje esté escrito con letra fina y
concienzuda y bolígrafo de tinta azul y te llegue a las manos como la botella
de los náufragos que siempre somos.
(Para Hugo Izarra, que me recomendó leer "Madre noche".
Para Paloma, que me retó en Twitter a escribir esto.
Para quienes envían mensajes con la esperanza de ser leídos).
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